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ICANN y la regulación de Internet

por Milton Mueller

Durante la mayor parte de la historia de Internet, la autoridad central que se encargaba de la asignación de Nombres y Números en la red era el gobierno de los EE.UU, en la forma de diversas agencias militares, la National Science Foundation, y empresas civiles o institutos de investigación contratados por las mismas. Durante 25 años, un hombre en particular se encontraba muy asociado con la asignación de números en Internet, el ya fallecido John Postel, cuyo trabajo administrativo patrocinado por la DARPA se conoció con el nombre de Autoridad para la Asignación de Números en Internet (IANA).

A medida que la red TCP/IP fue creciendo comercialmente en importancia en los primeros años 90, el gobierno de los EE.UU. actuó de manera rápida, en 1.992, para privatizar y comercializar el backbone de Internet y los servicios de acceso local. Sin embargo, fue mucho más lento a la hora de liberar el control de las funciones de coordinación central. No fue hasta el 1 de Julio de 1.997 cuando finalmente inició un procedimiento público para recoger sugerencias con el fin de transferir estos procesos al sector privado. Aunque a regañadientes, un plan de transición fue finalmente editado en Junio de 1.998 como un Libro Blanco del Departamento de Comercio de EE.UU. y a partir de ahí se creó la que ahora se conoce como Corporación para la Asignación de Nombres y Números en Internet (ICANN).

La ICANN tiene la responsabilidad sobre el reparto de direcciones IP, la asignación de parámetros de protocolos, la gestión de sistema de los nombres de dominio, y la gestión de sistema del servidor raíz. Tanto su CEO, Michael Roberts, como los miembros del consejo, tres hombres de negocio europeos, un ejecutivo de telecomunicaciones australiano, un japonés pionero en Internet y cuatro americanos de credenciales impecables, fueron seleccionados por el ampliamente respetado John Postel.

Aunque pudiera parecer que la creación de la ICANN iba a resolver definitivamente la crisis administrativa de Internet, lo cierto es que los miembros temporales y no electos del consejo se encuentran en la actualidad luchando con cuestiones cada vez más extensas y de ámbito fundamentalmente político: la definición de la estructura de sus miembros, el papel de la representación geográfica, la soberanía nacional, la privacidad, y la propiedad intelectual. De esta manera, la ICANN se encuentra sumida en la controversia, por un lado debido a que sus funciones se han politizado en exceso y por otro por los recelos que levanta la forma tan reservada con la que fue constituida. En la actualidad, no se sabe si la ICANN es un oscuro organismo de coordinación de ámbito puramente técnico o si se trata de un incipiente gobierno mundial.

El debate sobre la naturaleza del regulador

Aunque a mucha gente de la comunidad de Internet les gustaría creer que la ICANN es un cuerpo meramente técnico encargado de la creación y asignación de las direcciones únicas presentes en las tarjetas Ethernet, lo cierto es que su control sobre las funciones de coordinación en Internet la sitúan en una posición inmejorable para regular el medio de comunicaciones más importante del siglo XXI. Si este fuera el caso, sus miembros deberían ser ampliamente representativos, si no democráticos, los procedimientos deberían ser transparentes y abiertos al público y su organización estar preparada para lidiar en pleitos y asuntos de geopolítica.

Recientemente, el CEO de la ICANN, Michael Roberts, ampliamente criticado por la negativa de su consejo a mantener reuniones públicas, respondió acusando a sus críticos de entender mal los cometidos de la ICANN. "No se nos pidió que hiciéramos la política para todo Internet", dijo Roberts. "Nuestra misión es ocuparnos de la asignación de nombres y números en Internet", implicando que esta función es demasiado mundana y técnica como para ser objeto del escrutinio público.

Sin embargo, unas semanas antes la ICANN propuso una serie de reglas para la acreditación en el registro de dominios, que contradecían la neutralidad técnica de Roberts, y que mostraban una noción expansiva y reguladora en el uso del control del servidor raíz. Entre otras, se podían encontrar medidas diseñadas para vigilar marcas registradas y establecer un control de calidad sobre las prácticas de comercio del solicitante del nombre de dominio. También se proponía la financiación de la ICANN a través de un impuesto asociado al nombre del dominio, una propuesta que podría generar cientos de millones de dólares de beneficio a medida que creciera Internet.

Las organizaciones que representan corporaciones multinacionales fueron de las primeras en entender el potencial regulador que tenía el control de la raíz. Lideradas por la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual, han estado presionando para que la ICANN utilizara su control sobre el registro de nombres de dominio para proteger y expandir el poder de sus marcas en el ciberespacio. De esta manera, el proceso de registro podría imponer como requisito la existencia de un procedimiento de resolución de conflictos que amenazaría con el desahucio en el ciberespacio para aquellas personas que intentaran registrar nombres de dominio que coincidieran con marcas registradas. Las propuestas también reservarían marcas registradas "populares" en todos los niveles del espacio de nombres.

Si el control de la ICANN sobre los nombres y las direcciones en Internet pudiera ser explotado para vigilar marcas registradas y perseguir a los infractores, no hay que tener mucha imaginación para pensar en otras muchas demandas en las que podría actuar. Por ejemplo, podría regular la calidad de los Proveedores de Internet, hacer respetar la protección de copyright, buscar a los productores de pornografía infantil, o eliminar los sitios web terroristas. En suma, la base de datos de registro de nombres de dominio podría convertirse en un identificador que le conceda al propietario una identidad legal y a su vez sirviera como una forma de atarle a una serie de beneficios que pudieran ser negados en caso de mala conducta.

En resumidas cuentas, se ha recorrido un largo camino desde los días en que Internet era pregonado como un sistema autogobernado, totalmente descentralizado que pudiera eludir cualquier intento de control. Las posibilidades de control ya han sido expuestas y la confusa y fascinante evolución de la ICANN es el mejor lugar para observar como una sociedad cada vez más global conserva el equilibrio entre la necesidad de unas comunicaciones abiertas y las demandas de un control centralizado.

MILTON MUELLER (mueller@syr.edu) es un profesor asociado en la Escuela de Estudios de Información de la Universidad de Syracuse en Syracuse, Nueva York. Este artículo es un resumen del publicado en la revista Communications of the ACM, Junio de 1999, con el título original ICANN and Internet Regulation..

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