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LA ENIGMATICA INTELIGENCIA DE ALAN MATHISON TURING

La moderna ciencia de la computación debe tanto o más a la pluma y al papel de Alan Turing que a los cables y metales que se encuentran en las entranas de los ordenadores. Cuando escribió su famos artículo sobre la computabilidad de las funciones analíticas en el año 1936, es decir sesenta y cinco años después de la muerte de Babbage, Turing no podía ni siquiera imaginarse que iba a convertirse en el catalizador de la era informática. No era un ingeniero, tan sólo un matemático que sabía utilizar su mente para resolver problemas complejos, altamente abstractos. Como tal se convirtió en uno de los creadores de un nuevo concepto: la ciencia de la computación.

Alan Mathison Turing nació en Paddington, Inglaterra, el 23 de junio de 1912. A la edad de tres años su madre ya se había dado cuenta de su extraordinario potencial, que se manifestaba en una sorprendente habilidad para recordar palabras nuevas. A los ocho años había desarrollado un interés explícito por las ciencias, y había establecido un pequeño laboratorio en el sótano de su casa. progresivamente su interés científico fue derivando hacia el mundo abstracto de las matemáticas, incluyendo una gran capacidad para realizar cálculos mentales. Ingresó en el King´s College de la universidad de Cambridge, graduándose en 1934. Pasó los años 1936 y 1937 en Princeton, en cuyo Instituto de Estudios Avanzados tuvo la oportunidad de convivir con los mejores matemáticos de la época: von Neumann, Courant, Weyl, Einstein, Lefschetz y otros menos conocidos.

Además de su gran capacidad científica, Turing destacaba por la singularidad de su estilo de vida, relativamente heterodoxo para la comunidad académica de aquella época. Era aficionado a varios deportes como el remo y las carreras de larga distancia, tocaba el violín -aunque parece ser que no demasiado bien- y gustaba disfrutar de una vida social muy activa.

Su interacción con von Neumann fue altamente fructífera para sentar las bases teóricas de la computación, a partir de su concepción de máquinas abstractas capaces de procesar símbolos (máquinas de Turing). Pero Turing no era sólo un teórico brillante, con capacidad de resolver problemas abstractos y crear nuevas ideas conceptuales. En el año 1938 conoció a un joven ingeniero polaco llamado Robert Lewinsky, que había trabajo con los alemanes en el diseño de un sistema electromecánico de encriptación de comunicaciones. Lewinsky -que era judío- fue depurado por los nazis y entró en contacto con el servicio secreto británico, quien encomendó a Alan Turing la formación de un grupo de científicos e ingenieros dedicados a estudiar y descifrar este sistema de comunicaciones denominado Enigma.

Cuando estalló la segunda guerra mundial en 1939, el gobierno asignó el equipo de Turing a la Escuela de Cifrado y Codificación, en Bletchey Park, una vieja mansión de campo situada entre Oxford y Cambridge. Allí Turing y sus compañeros fueron encargados de crear unas máquinas denominadas Bombas, capaces de descrifrar los mensajes codificados por los alemanes a través del sistema Enigma. Ello supuso una gran ventaja para los aliados y para la supervivencia de Gran Bretaña, ya que las comunicaciones de la flota y del arma aérea alemana podían ser intervenidas con relativa facilidad. En el año 1943 el grupo de Turing construyó un computador denominado Colossus, especializado en el descifrado de mensajes, de gran éxito, y de alguna manera fue precursor del ENIAC construído en la universidad de Pennsylvania dos años más tarde.

Una vez finalizada la guerra, Turing se incorporó a la recién formada División de Matemáticas del Laboratorio Nacional de Física, con la intención de llevar a cabo el proyecto ACE, Automatic Computing Engine. Renovó asímismo su interés en las carreras, llegando incluso a preparar su participación en los juegos olímpicos, aunque una lesión de cadera le impidió hacer los progresos que necesitaba. Hacia los años 50 se comenzó a saber públicamente que Alan Turing era homosexual, y así empezó una etapa muy dura para el gran científico, dado que por entonces la homosexualidad era considerada como un delito perseguible penalmente en Inglaterra.

A pesar de todo, en sus últimos años Turing publicó otro artículo científico de gran impacto, titulado "Computing Machinery and Intelligence", que sentó las bases de una nueva rama de las ciencias de la computación, la inteligencia artificial, y planteó cuestiones muy curiosas en aquélla época, como el "test de Turing". Sin embargo la vida personal de Turing se fue deteriorando a medida que los escándalos de sus relaciones homosexuales iban saliendo a la luz pública. Como consecuencia de un affair escandaloso con un adolescente que se encontraba sin empleo, fue juzgado y condenado, aunque en lugar de ser recluído en prisión, fue sometido a tratamiento de hormonas femeninas -estrógenos- con el fin de atenuar su impulso sexual. Este tratamiento le produjo importantes alteraciones físicas y le convirtió en impotente. Dos años después del juicio, Turing se suicidó comiendo una manzana envenenada con cianida. A pesar de que su madre intentó negar la causa de su muerte, atribuyéndola a razones naturales, su vida terminó amargamente y envuelta en una nube de misterio.

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