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Economía de la innovación en las industrias digitales

La innovación se ha convertido en la religión industrial de final del siglo XX, tal como afirma el prestigioso semanario británico "The Economist" en una separata publicada recientemente y dedicada con carácter monográfico al tema de la innovación industrial. Las empresas ven cada vez con mayor claridad que la innovación constituye la clave para aumentar sus beneficios y ganar cuota de mercado, o simplemente para sobrevivir a medio plazo. Los gobiernos inteligentes la impulsan tanto como pueden con el fin de fortalecer el desarrollo económico sostenible de sus naciones. En casi todo el mundo desarrollado, la retórica de la innovación ha ido desplazando en los medios de comunicación a otros conceptos que poco a poco han perdido vigor, como por ejemplo el de economía del estado del bienestar. Como señala el profesor Gregory Daines de la Universidad de Cambridge, la innovación es la nueva teología económica que une a la izquierda y a la derecha en sus proyectos políticos de futuro.

Definir con claridad lo que es innovación resulta sin embargo una tarea harto complicada, y no digamos ya medir la cantidad de innovación que hay detrás de una idea, proceso o producto de nueva concepción. El término innovación se asocia de una manera intuitivamente inequívoca al concepto de mejora, avance o progreso, bien sea en los ámbitos de lo tecnológico, lo económico, lo político o lo social. La innovación es un fenómeno más sutil y complejo que lo que se entiende por I+D, término que ha servido para designar genéricamente a la investigación científico-tecnológica durante estos últimos años y que empieza a estar un tanto depreciado por razones que no vienen al caso en este artículo.

Entender las claves de la innovación significa comprender cómo surge ésta, qué ambientes empresariales y qué condiciones de política económica son más proclives para su florecimiento, cómo llega a los mercados de productos y servicios, y finalmente cómo triunfa y se convierte en una fuerza creadora de valor económico. Todas estas cuestiones no son ciertamente triviales, y el mundo de las tecnologías de la información, que en gran medida vive de la innovación permanente, constituye sin ninguna duda el sector idóneo para observar los hechos (normalmente un tanto vertiginosos) y contrastar las teorías sobre tan apasionante tema.

Innovación y teoría económica

Uno de los primeros economistas del siglo XX que analizó el fenómeno innovador en la industria fue Joseph Schumpeter, nacido y educado en Viena, pero que desarrolló la mayor parte de su carrera profesional y académica en los Estados Unidos. Lo que se ha conocido como hipótesis Schumpeteriana sobre la innovación, era una afirmación suya sobre la mayor probabilidad de que las innovaciones y los cambios tecnológicos proviniesen de las grandes organizaciones que pululan en los monopolios y en los oligopolios, más que de los mercados libres y de las empresas que actúan en un contexto de competencia. Esta opinión hoy día nos suena un tanto extraña, pero no deja de ser cierto que a lo largo de los dos últimos siglos siglo, una buena parte de los esfuerzos de I+D tuvieron como anfitriones a los gobiernos y a las grandes corporaciones industriales que han venido actuando normalmente dentro de unas estructuras institucionales y de mercado bastante distantes de la libre competencia.

¿Es la innovación actualmente un producto natural de los grandes centros públicos de investigación y de los conglomerados industriales, que se encuentran asentados desde hace décadas y relativamente bien establecidos, o es por contra un fenómeno más propio de empresas pequeñas, relativamente nuevas y muy competitivas, que arriesgan innovando y así triunfan en el mercado haciéndose a la postre grandes? Algo en esta línea sugiere Clayton Christensen , de la HBS (Harvard Business School), cuando sostiene que las compañías importantes, incluso las que están bien gestionadas, pueden sufrir problemas de consideración cuando se enfrentan con innovaciones disruptivas que convierten en obsoletas sus tecnologías y sus modelos de negocio.

Otros economistas modernos que han contribuído meritoriamente al análisis científico de los procesos de innovación en las industrias actuales de alta tecnología, son por ejemplo John Sutton, de la London School of Economics and Political Science, o John Surrey de la universidad de Sussex. La actual teoría económica de la innovación estudia las relaciones que se establecen dentro del mundo de las empresas intensivas en I+D, particularmente entre factores como el tamaño de la firma o el grado de madurez alcanzado en su ciclo de vida, y por otra parte su capacidad de innovación y de trasladar con éxito sus avances al mercado.

Sutton es autor de un libro interesante sobre este fenómeno, en el que combina un desarrollo teórico ingenioso con la confirmación empírica de sus hipótesis. Según sus investigaciones, la capacidad de una empresa vocacionalmente innovadora para llegar al mercado y poder triunfar no depende tanto de su tamaño o del grado de concentración industrial del sector al que pertenece, sino de su habilidad para establecer interacciones estratégicas con otras compañías o grupos afines, clientes y proveedores, manteniendo a la vez un saludable grado de independencia en los clusters que forman su red de alianzas.

La innovación en las industrias y tecnologías de la información

El sector industrial de las modernas tecnologías de la información es un vivo ejemplo de cómo las teorías y las prácticas predominantes sobre la I+D en la empresa han cambiado de forma muy significativa, casi podríamos decir que dramáticamente, el enfoque tradicional de la innovación. Consideremos el ejemplo de Cisco Systems , el campeón industrial de los fabricantes de equipamiento de redes IP y para muchos un modelo genuino de corporación del futuro. Cisco no innova haciendo I+D sino comprándola. A través de una consistente y agresiva política de adquisiciones es como esta empresa captura el capital intelectual y la tecnología de nueva generación necesaria para ganar el futuro.

Buy smart, es uno de los leivmotifs preferidos de John Chambers, y hace relación al modelo que se empieza a conocer como outside-in companies, es decir las que incorporan talento, productos y vitalidad creativa desde el exterior. Chambers afirma que las nuevas reglas de la competición exigen organizaciónes que crecen sobre el cambio, no en la estabilidad; organizadas alrededor de redes, no en jeraquías rígidas; basadas en interdependencias estratégicas con partners, no autosuficientes; y construídas a partir de las ventajas que proporciona su excelencia tecnológica y no a través de prácticas empresariales convencionales de rancio abolengo. Una idelogía poderosa sin duda, cuando se saben y se pueden hacer así las cosas.

Pero la innovación no sólo es producto de mentes brillantes y de estrategias modernas y audaces, sino que requiere además un hábitat económico y social que favorezca el proceso. Uno de los factores fundamentales del entorno de la innovación tecnológica es el sistema de financiación. Las actividades que forman parte de un proceso de innovación, normalmente no pueden ni deben financiarse mediante los instrumentos tradicionales de tipo crediticio. Esto es especialmente cierto en el caso de las empresas pequeñas y medianas, cuyas vías de acceso a los recursos de capital son bastante limitadas y se reservan para atender al funcionamiento diríamos ordinario de la compañía, es decir su bread and butter.

Para atender a las necesidades específicas de financiación de nuevas empresas con vocación innovadora es como ha surgido toda una industria de gran auge en los Estados Unidos: se trata del denominado capital-riesgo o venture-capital. Como es sabido es una figura en la que el capitalista no presta dinero a la joven empresa (start-up) a cambio de una rentabilidad y con una cobertura del riesgo (modelo crediticio tradicional), sino que participa temporalmente en el negocio, asumiendo un riesgo semejante al del empresario con la esperanza de alcanzar un beneficio también semejante si las cosas van bien. El Silicon Valley existe como lo conocemos sin duda debido al extraordinario desarrollo de este modelo de financiación. Innovación en California es sinónimo de capital-riesgo. ¿Sucede lo mismo en Europa, no digamos en España?

El valor económico de la innovación

La innovación es el arte, hasta cierto punto mágico, de crear valor económico explotando alguna forma de cambio, sea tecnológico o de otra naturaleza. Las empresas innovadoras crean nuevos mercados o explotan de forma diferente los existentes. Dos siglos después de Jean Baptiste Say, el economista francés que acuñó el término entrepreneur hacia 1800, todavía estamos intentando entender los mecanismos que subyacen a esta misteriosa forma de creación de riqueza.

Las innovaciones no sólo rompen los moldes, sino que también cosechan mayor beneficio económico que los negocios convencionales, naturalmente a expensas del riesgo. Podemos pensar en la innovación como una "x" en la ecuación del crecimiento económico, un factor que es relevante pero que no se sabe exactamente cuanto. Los economistas todavía no logran explicarse con suficiente rigor formal el efecto del cambio tecnológico sobre el crecimiento económico, y parece claro que los métodos econométricos al uso no bastan para cubrir la ausencia de ese modelo.

César Lanza, Tecnova Ingenieros Consultores

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Lee en el próximo número: Aplicaciones de la teoría de juegos al análisis del mercado de telecomunicaciones.

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