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NUEVAS BASES PARA EL GOBIERNO DE INTERNET

La Internet Corporation for Assigned Names and Numbers (ICANN), anunció hace unos pocos meses los nombres de cinco organizaciones que competirán con Network Solutions, Inc. en la fase de pruebas del nuevo SRS Shared Registry System o sistema de registro compartido. Las cinco compañías - America Online, Oleane (France Télécom), Internet Counsel of Registrars, Melbourne IT y Register.com, constituyen una primer batería de pruebas en la ola de descentralización que afecta al cuerpo encargado del gobierno técnico de Internet. Una segunda fase de pruebas implicará la participación de 29 grupos y está en principio prevista para comenzar este verano. Internet, que tantas veces se presenta como un medio anárquico y fuera de control, sin embargo siempre ha tenido mecanismos de coordinación, que aunque muy ligeros y desde luego nada o poco burocráticos, han permitido que la nube de redes evolucionara desde unos pocos cientos de nodos en el mundo académico de los Estados Unidos hasta varias decenas de millones de hosts y centenares de millones de usuarios de todo tipo y condición distribuídos geográficamente por todo el mundo.

El problema del gobierno de Internet se vió hace ya tiempo que en sus aspectos técnicos es algo íntimamente asociado al diseño de la arquitectura y de los protocolos de la red. Cuando aún se hablaba de Arpanet -conviene recordar que el origen embrionario de lo que hoy se conoce como Internet data de principios de la década de los 70- se había decidido que las bases para la gobernabilidad de la red debían fundamentarse en una regla muy simple: un 99% serían principios de común acuerdo y un 1% procedimientos explícitos de coordinación digamos coercitiva o de obligado cumplimiento. Nombres clave al respecto eran los de la autoridad de asignación de números, IANA, y su venerado responsable, Jon Postel, quien falleció el pasado otoño, quizás como una premonición del destino del organismo que dirigió durante más de 20 años. Sea cual sea el modelo de gobieno de Internet que prevalezca en cada momento, conviene que nos hagamos una simple pregunta ¿qué temas es necesario coordinar en la red?

¿Coordinación técnica o regulación de la red?

Un medio como Internet que hoy día es capaz de proporcionar interconectividad a escala global y en tiempo real entre decenas de millones de ordenadores no podría funcionar sin que existiesen una serie de procedimientos -unos formales y otros informales- para coordinar al menos tres o cuatro cuestiones técnicas esenciales: la asignación de nombres a los dominios, las direcciones IP de los nodos, la gestión de los servidores raíz del sistema y la normalización de los parámetros de los protocolos. Este trabajo se repartió tradicionalmente hasta Octubre del año pasado entre la ya citada IANA de Postel -tenía un satff de cinco personas en total- y una empresa privada, Network Solutions, Inc. que administraba el dominio de nombres en exclusiva a través de un contrato con la National Science foundation, NSF. Todo directa o indirectamente bajo los auspcios de gobierno norteamericano.

Pero la Internet de hoy ya no es igual a la de hace unos pocos años. Primero hay que tener en cuenta su internacionalización, que contrasta con el hecho de que el control sobre sus recursos esenciales fuera ejercido por un solo país. Esta es una de las razones que han conducido a la creación de ICANN como órgano técnico de gobierno y a su descentralización geográfica y política .

En segundo lugar -y esto es mucho más importante- la red ya no es sólo un medio de comunicación académico o interpersonal, sino un espacio social y económico nuevo en el sentido más amplio, con una potencialidad de desarrollo impresionante y con muchas posibilidades de provocar cambios de magnitud considerable en el mundo empresarial y político. Surgen por tanto nuevos problemas que pueden -según unos- o deben -en opinión de otros- someterse a algún tipo de regulación: privacidad, propiedad intelectual, fraudes, delitos, universalidad del acceso, etc. La Cyberlaw Encyclopedia recoge hasta 50 temas de gran envergadura que afectan al desarrollo de Internet y que son susceptibles de regulación, entendiendo por tal la intervención normativa de los poderes públicos.

Cómo vaya a ser gobernada Internet en el próximo futuro plantea diversos interrogantes e inquietud. En los aspectos no específicamente técnicos, el Internet Law and Policy Forum plantea en su Conferencia Anual de 1999 varias cuestiones clave: ¿Dónde situar los límites de la normativa regulatoria? ¿Cambiarán las condiciones tradicionales de equilibrio del medio -1% regulación formal, 99% consenso informal- dando lugar a que una nueva legión de burócratas -ciberjuristas, notarios digitales, corredores de comercio electrónico, etc- campen por sus anchas en la red? ¿Finalmente, desvirtuará la regulación/reacción que se avecina el funcionamiento hasta ahora relativamente espontáneo y friction-free de Internet, haciendo perder al nuevo medio su frescura y su naturaleza potencialmente revolucionaria? Preguntas todas ellas difíciles de contestar, y con implicaciones cara al futuro de la red que no son en absoluto triviales.

Internet, qué duda cabe, tiene grandes posibilidades de convertirse en un nuevo espacio económico, clave para el desarrollo de los negocios en el siglo XXI. Pero como señala Deborah Hurley, profesora de la John F. Kennedy School of Government (Harvard U.) y miembro del Comité Asesor del Departamento de Estado de los EEUU en Política de Información y Comunicaciones, ello exige no sólo un modelo de coordinación técnica del medio, sino también una intervención regulatoria que forzosamente tendrá facetas legales, económicas y políticas. La regulación afectará a cuestiones que forman un amplio espectro, incluyendo la publicidad y la promoción comercial, el honor personal y el derecho a la propia imagen, la protección de la infancia, los derechos de consumidor, el fraude, la propiedad intelectual e industrial y un largo etc, como comentaba anteriormente al referirme a la Cyberlaw Encyclopedia.

Bases para una regulación de Internet

Regular Internet requiere ejercer un sano y difícil equilibrio entre puntos de vista e intereses en ciertos casos contradictorios. La regulación es una ciencia y es un arte; implica conocimiento, fundamento, inspiración, sentido y suerte. Intentaremos identificar ahora algunos puntos en los que pueden encontrarse las dificultades principales de esta tarea.

En primer lugar hay que tener en cuenta que un exceso de regulación legal, en ausencia de un modelo económico definido, corre el riesgo de llevar a una situación de caos o de ingenua falta de operatividad (el actual mercado español de las telecomunicaciones podría estar empezando a presentar algunos síntomas en ese sentido). La regulación de cualquier sector o actividad se plasma en normas, pero exige algo mucho más importante que la pura coherencia formal del corpus jurídico, como es la perspectiva socioeconómica . La regulación de Internet es demasiado importante para nuestro futuro como para dejarla simplemente en manos de expertos en tecnicismos jurídico-administrativos.

En segundo lugar hay que considerar que difícilmente un solo órgano, aunque sea supranacional como por ejemplo la Comisión de la Unión Europea, podría abarcar de forma comprensiva y con el nivel de detalle requerido la amplia casuística regulatoria que puede ir surgiendo, especialmente si se tienen en cuenta las peculiaridades de los mercados locales. Por otra parte, la intervención de varios órganos reguladores con distinta jurisdicción y naturaleza planteará el problema de la (des)coordinación de las actuaciones, y con ello el riesgo de conducir a situaciones contradictorias o de bloqueo, que en la práctica harán prevalecer los criterios de quien sea más fuerte (probablemente en última instancia la poderosa industria norteamericana de las tecnologías de la información).

Tercera cuestión: la globalidad del medio contrasta con la diversidad de los modelos económicos y culturales de las naciones. ¿Cómo armonizar la regulación de los aspectos generales que afectan a Internet con la problemática y los intereses (legítimos) de cada país en concreto? ¿Cómo ha de diferir la regulación -pongamos por caso- en España y en India? ¿Qué cuestiones deberían tener un tratamiento más o menos homogéneo y cuáles un carácter particular y específico? ¿Será la regulación de la red neutral frente a los importantes problemas de desequilibrio que existen hoy día en el desarrollo económico internacional? Señala Ben Petrazini de la ITU (Unión Internacional de Telecomunicaciones), que a pesar del significativo crecimiento global de Internet a escala global, las regiones más pobres del mundo continúan enfrentándose a importantes dificultades para acceder a la red. El resultado a corto y medio plazo puede ser de mayores desequilibrios.

Finalmente -aunque debe entenderse que se trata del fin de este artículo y no de la apasionante y compleja cuestión que hoy estamos comentando- hay que mencionar la diversidad de comunidades -no geográficas o nacionales, sino virtuales- que pululan en la red. Internet se concibe idílicamente como un medio cohesivo, pero es en realidad la yuxtaposición de docenas o centenares de tipos de comunidades de usuarios con diferentes objetivos, valores y perspectivas en cuanto respecta a la red. Regular satisfaciendo a todos será imposible. Como señala A.M. Rutkowsky, Vicepresidente para Internet en la compañía Global Magic, en el desarrollo de Internet confluyen intereses en muchos casos ortogonales e incluso antitéticos, que tienden a situar los mecanismos de gobierno de la red en un estado de agitación permanente.

César Lanza, Tecnova Ingenieros Consultores

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Lee en el próximo número -pero ya será cuando pase el calor: La década prodigiosa: Industrias y tecnologías de la información entre 1988 y 1998.

Mientras tanto, FELICES VACACIONES !! Volveremos la 1ª quincena de Septiembre

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